Estigma, prohibición y agencia: cannabis en Estados Unidos
Cómo se construyó la frontera entre establecidos y marginados en la primera mitad del siglo XX
Un ensayo histórico y antropológico sobre la construcción del estigma asociado al cannabis en Estados Unidos y sobre el margen de acción de quienes lo promovieron y de quienes lo padecieron.
Pregunta de investigación
¿Cómo se construyó, en la primera mitad del siglo XX, el estigma que asoció el cannabis con minorías y con la delincuencia, y quiénes tuvieron capacidad de hacerlo valer?
El cannabis es una de esas plantas que han sido elogiadas y condenadas con igual intensidad. Se ha cultivado para obtener fibra, aceite y semillas, y también como remedio y como sustancia de uso recreativo. Durante el siglo XX, sin embargo, fue su condición de sustancia psicoactiva la que organizó casi toda la discusión pública en Estados Unidos. Este ensayo pregunta cómo se construyó, en la primera mitad de ese siglo, el estigma que asoció el cannabis con ciertas minorías y con la delincuencia, y quiénes tuvieron la capacidad de hacerlo valer.
El análisis combina tres herramientas. De Norbert Elias y John Scotson (1965) toma la relación entre establecidos y marginados: un grupo con posiciones de poder puede estigmatizar a otro mientras conserve esas posiciones, y la estigmatización se acompaña de una fantasía colectiva que justifica la aversión que el grupo establecido siente. De Sherry Ortner (2016) toma la idea de que la agencia es una capacidad que se distribuye de manera desigual y que se construye y sostiene culturalmente: quienes ocupan posiciones de poder tienen más capacidad de definir situaciones y de hacer que otros actúen en consecuencia. De Alejandro Grimson (2011) toma la advertencia de que ningún rasgo, origen o nacionalidad tiene un sentido intrínseco: las fronteras entre grupos son construcciones, y por eso mismo son reales para quienes las hacen funcionar.
Dos advertencias de alcance. La primera es que criticar la construcción de un estigma no equivale a afirmar que el consumo carezca de riesgos. Este texto no ofrece consejo clínico ni formula afirmaciones sanitarias. La segunda es que la historia de la prohibición es un campo en el que conviven interpretaciones diversas, y que ninguna causa única la explica.
Antes de la ley federal
Con anterioridad a la década de 1930, el cannabis no era el centro de una política federal de control. Las primeras normas relevantes fueron estatales, y se multiplicaron desde la segunda década del siglo XX (Bonnie y Whitebread, 1999). La Ley Harrison de 1914 había establecido controles federales sobre opiáceos y cocaína mediante registro y tributación, pero no alcanzó al cannabis. En muchos estados, entonces, la planta fue objeto de legislación local antes de serlo de una ley nacional.
Ese proceso coincide con cambios sociales que la historiografía ha vinculado con la forma que tomó el estigma. En las primeras décadas del siglo XX llegaron a Estados Unidos numerosos inmigrantes mexicanos, y la palabra «marihuana», de uso corriente en México, empezó a circular en la prensa y en el debate público para designar lo que hasta entonces se había llamado más a menudo cannabis. David Musto (1972, 1973) sostuvo que la ley federal de 1937 respondió en gran medida a la presión de agencias de control y de grupos alarmados por el uso de la sustancia que se atribuía a los mexicanos. Bonnie y Whitebread (1999), por su parte, reconstruyen además el papel de la burocracia federal y del proceso legislativo. Se trata de lecturas que se complementan, y su confluencia ayuda a no reducir la historia a una explicación única.
Para la perspectiva de Elias y Scotson, lo decisivo es la forma de la relación: un grupo establecido, con acceso a los espacios de poder y a la palabra pública, atribuye a un grupo más reciente un menor valor y le imputa rasgos que justifican su exclusión. Que un mismo producto, una planta, quede asociado con un grupo y no con otro es parte de ese trabajo de frontera. Al vincular el cannabis con una población inmigrante y racializada, se hacía del consumo un signo de otredad.
Una frontera con rostro
Un estigma necesita figuras reconocibles. En la prensa y en el discurso oficial de la época, la amenaza adoptó un rostro más o menos fijo: el consumidor extranjero o racializado, impredecible y peligroso, que ponía en riesgo a jóvenes inocentes. Esa figura funcionaba como una explicación a mano para fenómenos de otro orden, como la competencia por el empleo en tiempos de crisis o la inquietud ante el crecimiento de las ciudades, que la bibliografía menciona entre los factores del clima de época (Bonnie y Whitebread, 1999). Musto (1972) subraya, además, la convergencia entre el temor a los inmigrantes y los intereses de las agencias de control. Aquí interesa subrayar un mecanismo: cuando un grupo es identificado con un riesgo, cualquier hecho que encaje en esa imagen se lee como confirmación y cualquier hecho que no encaje se vuelve invisible.
Grimson (2011) permite ver la paradoja que esto implica. La frontera entre «ellos» y «nosotros» no corresponde a diferencias que existieran antes de ser trazadas, pero una vez trazada tiene efectos reales sobre quienes quedan de uno u otro lado: sobre cómo son tratados por la policía, por los tribunales y por sus vecinos. El discurso que identifica a un grupo con una sustancia no describe a ese grupo; lo produce como categoría social.
Una oficina y su campaña
En 1930 se creó la Oficina Federal de Narcóticos (FBN), dentro del Departamento del Tesoro, bajo la dirección de Harry J. Anslinger, quien la condujo hasta su retiro en 1962. La FBN funcionó hasta 1968, cuando fue absorbida por una nueva dependencia del Departamento de Justicia. En términos de Ortner, es un actor con mucha capacidad de agencia: dispone de recursos del Estado, de acceso a los medios y de un lugar reconocido para hablar sobre el problema.
El sociólogo Howard Becker (1963) usó la expresión «emprendedores morales» para describir a quienes promueven una norma y buscan que se haga cumplir, y analizó la campaña contra la marihuana como ejemplo. La FBN encaja en esa descripción. Anslinger intervino en la radio, dio conferencias y publicó artículos, entre ellos «Marihuana: Assassin of Youth», aparecido en The American Magazine en 1937 (Anslinger y Cooper, 1937). Décadas más tarde reseñó su campaña en un libro sobre las organizaciones del narcotráfico (Anslinger y Oursler, 1961). En las audiencias parlamentarias de 1937 sobre el proyecto de ley recurrió a relatos de crímenes violentos que atribuyó al cannabis, muchos de ellos sin datos que permitieran verificarlos, y a asociaciones raciales explícitas (Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, 1937).
Uno de esos relatos sirve para ver cómo funciona una atribución causal. En 1933, en Tampa, Victor Licata mató a miembros de su familia con un hacha. Según la reconstrucción de Sloman (1979), los psiquiatras que lo examinaron dejaron constancia de una larga historia de enfermedad mental y no consideraron relevante el consumo de marihuana; sin embargo, el caso fue presentado en la prensa y en testimonios oficiales como una consecuencia directa de ese consumo. El episodio no prueba que la marihuana sea inocua. Muestra, en cambio, cómo un hecho complejo puede ser reducido a una causa conveniente cuando alguien tiene la capacidad de narrarlo con autoridad.
Conviene, aquí, una precisión sobre la intención. Ortner liga la agencia con la intencionalidad. Atribuir una intención única y coordinada a una burocracia, sin embargo, exige documentación. Lo que las fuentes permiten sostener es que la FBN promovió activamente un discurso que vinculaba el cannabis con la violencia, la locura y ciertas minorías. Lo que no permiten, sin más pruebas, es afirmar que cada producto cultural que repitió ese discurso haya formado parte de un plan suyo.
La pantalla y la ley
Ese es el caso de la película que hoy se conoce como Reefer Madness. Según el catálogo del American Film Institute (s. f.), la obra fue registrada como Tell Your Children y se atribuye a 1938; fue producida por G and H Productions, con George A. Hirliman como productor y Louis Gasnier como director. El catálogo indica además que la realizó un grupo religioso, y que más tarde circuló con otros títulos, entre ellos The Burning Question y, a partir de un reestreno de 1947, Reefer Madness. Esa historia de títulos y reestrenos es útil para no fijar una fecha única de circulación.
Importa, para este argumento, lo que el catálogo no dice: no registra a la FBN ni a Anslinger entre los productores o financistas. La semejanza entre el relato de la película y el discurso de la oficina es evidente, pues ambos asocian el consumo con el delito, la locura y la degradación de jóvenes, pero esa semejanza retórica no demuestra un vínculo de producción. Es más productivo leerla como una formación cultural que circuló dentro de un clima en el que esas asociaciones ya eran corrientes, y que ayudó a darles una forma narrativa y emocional. La película no necesita una orden para ser parte del trabajo de estigmatización. Basta con que dramatice una frontera ya trazada.
El cierre del proceso legal llegó con la Ley del Impuesto a la Marihuana de 1937 (Marihuana Tax Act, 50 Stat. 551). Conviene describirla con exactitud. No prohibió el cannabis de manera directa: estableció un régimen de registro y de impuestos sobre quienes importaban, producían, vendían o administraban la sustancia, y un impuesto sobre su transferencia, de un dólar por onza para quien se había registrado y de cien dólares por onza para quien no. El efecto práctico era restringir la circulación a los usos industriales y médicos admitidos y volver inviable el resto. La American Medical Association, por intermedio de William C. Woodward, objetó el proyecto durante las audiencias. La ley estuvo vigente hasta que el Tribunal Supremo declaró inconstitucionales sus exigencias de registro en Leary v. United States (1969) y el Congreso la reemplazó en 1970 con la Ley de Sustancias Controladas.
Lo que esta descripción muestra es que la prohibición, en su forma legal, fue un entramado de instrumentos fiscales, administrativos y penales, y no un acto único. Su fuerza provenía de combinar un discurso de peligro con un dispositivo burocrático capaz de hacerlo operativo.
Estigma y margen de acción
Si el estigma es una relación, entonces quienes lo padecen también participan de ella, aunque con muy desiguales recursos. Las fuentes que sostienen este ensayo permiten describir con detalle la capacidad de agencia de quienes tenían poder para definir el problema. Permiten mucho menos reconstruir el margen de acción de las personas estigmatizadas: sus respuestas, sus estrategias de evasión o de resistencia, sus propias interpretaciones. Es un vacío de este trabajo y una agenda posible. Una historia del estigma que solo registre a quienes lo fabrican reproduce, a su manera, la asimetría que describe.
También queda abierta la pregunta por la continuidad. La relación entre prohibición, control social y desigualdad racial en décadas posteriores requiere análisis específicos que este ensayo no emprende. Lo que aquí se sostiene es acotado: que la asociación entre cannabis, minorías y delito fue construida y sostenida por actores con capacidad de hacerlo; que esa construcción se apoyó en instrumentos de comunicación y en dispositivos legales y administrativos; y que entender la prohibición como un hecho social, y no solo como una política sobre una sustancia, permite ver mejor lo que estuvo en juego.
Referencias
- American Film Institute. (s. f.). Tell Your Children (1938). AFI Catalog of Feature Films. https://catalog.afi.com/Film/7885-TELL-YOUR-CHILDREN
- Anslinger, H. J., & Cooper, C. R. (1937). Marijuana: Assassin of youth. The American Magazine, 124(1), 18–19, 150–153.
- Anslinger, H. J., & Oursler, W. (1961). The murderers: The story of the narcotic gangs. Farrar, Straus and Cudahy.
- Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the sociology of deviance. Free Press.
- Bonnie, R. J., & Whitebread, C. H. (1999). The marijuana conviction: A history of marijuana prohibition in the United States. The Lindesmith Center. (Obra original publicada en 1974).
- Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. (1937). Taxation of marihuana: Hearings before the Committee on Ways and Means, House of Representatives, 75th Congress, 1st session, on H.R. 6385. U.S. Government Printing Office.
- Elias, N., & Scotson, J. L. (1965). The established and the outsiders: A sociological enquiry into community problems. Frank Cass.
- Grimson, A. (2011). Los límites de la cultura: Crítica de las teorías de la identidad. Siglo XXI.
- Leary v. United States, 395 U.S. 6 (1969).
- Marihuana Tax Act of 1937, Pub. L. No. 75-238, 50 Stat. 551.
- Musto, D. F. (1972). The Marihuana Tax Act of 1937. Archives of General Psychiatry, 26(2), 101–108.
- Musto, D. F. (1973). The American disease: Origins of narcotic control. Yale University Press.
- Ortner, S. B. (2016). Antropología y teoría social: Cultura, poder y agencia. UNSAM Edita.
- Sloman, L. (1979). Reefer madness: The history of marijuana in America. Bobbs-Merrill.
Cómo citar
Maffei Gaido, P. (2026). Estigma, prohibición y agencia: cannabis en Estados Unidos: Cómo se construyó la frontera entre establecidos y marginados en la primera mitad del siglo XX [Ensayo]. https://maffeigaido.com/es/writing/estigma-prohibicion-cannabis-estados-unidos/