De la agencia y otras hierbas: el rol de la planta de Cannabis sativa
Presencia material y relaciones en una exposición cannábica
Qué hace la presencia material y pública de la planta en una exposición de cannabis, y cómo interviene en las relaciones entre personas, prácticas y objetos.
Pregunta de investigación
¿Qué hace la planta de cannabis, cuando se vuelve visible y presente en un espacio público, en las relaciones entre las personas que se reúnen a su alrededor?
Entre el 4 y el 6 de noviembre de 2022 se realizó en La Rural, en Buenos Aires, la tercera edición de ExpoCannabis. La prensa de esos días destacó que, por primera vez en el país, se vendieron allí semillas y plantines de manera legal, y que la afluencia superó la de la edición anterior (La Capital, 2022). Lo que sigue parte de las notas que tomé en esa exposición como parte de mi trabajo de campo doctoral y se pregunta por algo que un recuento de cifras y novedades normativas deja de lado: qué hace la planta misma cuando está presente, visible y a disposición del público, en las relaciones entre quienes la rodean.1
La respuesta que ensayo es relacional. La planta no actúa sola ni decide nada. Pero su presencia material interviene en lo que las personas hacen, dicen y entienden, y eso basta para tomarla en serio como participante de una situación. La tarea es describir cómo, y ser cuidadoso con lo que se afirma.
Una planta a la vista
La exposición reunió a un público muy heterogéneo: usuarios, cultivadores, criadores, científicos, médicos, organizaciones civiles, abogados, emprendedores, veterinarios, investigadores, artistas y funcionarios públicos. Esa lista es la que consigné en mis notas, y es significativa por su diversidad más que por su exhaustividad. También lo es el hecho de que asistieran personas mayores y familias con edades e historias muy diversas, algo que en las conversaciones de la feria se señaló con frecuencia. Para muchas de esas personas, la relación con la planta, que en otros ámbitos se desarrolla en espacios domésticos o reservados, tuvo allí una escena pública.
En ese contexto, Susana Pascuaré, presidenta del comité científico de la exposición, dijo en una entrevista para la revista THC, según el registro de mis notas: «poder tener a la principal protagonista que es la planta ha sido un avance impresionante». La frase condensa algo que apareció de manera difusa en charlas y conversaciones: la planta estaba allí, a la vista, y su presencia importaba.
Conviene precisar los límites de esta observación. La visibilidad pública de una planta no equivale a que haya adquirido personería jurídica, ni es lo mismo que un cambio normativo que habilite cualquier forma de cultivo. Lo que la prensa registró fue la autorización de una venta concreta, en un marco regulatorio determinado, y eso no autoriza conclusiones generales. Hablar de agencia, en este ensayo, no es hablar de derechos ni de estatuto legal.
Red de asociaciones, trama de relaciones
Para pensar lo que la planta hace conviene distinguir dos maneras de entender la agencia que suelen mezclarse.
La primera es la de Bruno Latour y la teoría del actor-red. Latour (2005) propone una sociología que trata como actores a todo lo que modifica un estado de cosas haciendo una diferencia, humano o no, y que se niega a decidir de antemano quién tiene primacía. Los actores, en esta perspectiva, son efecto de las asociaciones en que participan: es la red la que les da su capacidad de actuar. De ahí la simetría entre humanos y no humanos como principio metodológico, y de ahí que el mundo social deba describirse sin supuestos previos sobre quién cuenta como agente.
La segunda es la de Tim Ingold, que propone pensar menos en redes que en tramas o mallas, en inglés meshwork. En su lectura, el mundo no está hecho de entidades unidas por conexiones entre puntos, sino de líneas de vida, de crecimiento y de movimiento que se entrelazan. Los seres no preexisten a esas líneas: emergen a lo largo de ellas (Ingold, 2007). En su crítica a la teoría del actor-red, Ingold (2008) objeta que una red de nodos conectados no capta bien esa continuidad del devenir y del habitar.
No son conceptos idénticos. La red de Latour enfatiza asociaciones entre entidades, de las que resultan sus efectos. La trama de Ingold enfatiza el movimiento y el entrelazamiento de procesos. Las dos permiten desplazarse de la idea de una agencia reservada a los humanos, pero lo hacen de maneras diferentes, y el análisis de una situación como esta exposición se enriquece cuando se mantiene la diferencia.
Hay también una cuestión de método. Comprometerse con seres como las plantas plantea desafíos particulares para quien investiga, porque buena parte de lo que importa en la relación ocurre en escalas de tiempo y en registros sensoriales que la observación humana capta con dificultad (Hitchings y Jones, 2004). Una exposición ofrece, por contraste, una ocasión en que la planta se vuelve presente de manera concentrada.
Recurso, participante, maestra
En la exposición, la planta aparece de al menos tres maneras, que se superponen y se tensionan.
Aparece como recurso: se venden sus semillas, se exhiben productos, se discuten sus usos medicinales e industriales. Ese es el lugar que ocupa en los mercados y en la regulación. Aparece también como participante: reúne a personas que no se encontrarían de otro modo, ordena conversaciones, organiza conocimientos y prácticas en torno a lo que necesita para crecer. En una perspectiva latouriana, eso la hace actante, en cuanto su presencia modifica lo que ocurre. En una perspectiva ingoldiana, es una de las líneas en cuyo entrelazamiento se arma la situación.
Aparece, por último, como maestra, y esta figura la ponen los propios actores. Sebastián Basalo, integrante de la organización, dijo en el cierre, según mi registro: «La planta de cannabis nos enseñó a vivir en diversidad, con amor, en una construcción colectiva que incluya a todas y todos: no hay otra forma de cambiar la realidad». Marcela Guerra, de la comunidad Qolla, sostuvo: «[…] aprender a cultivar las plantas es cultivarnos». También en un curso de cultivo, un docente comentó que trabajar con la planta había cambiado su manera de tratar a otras personas, según una nota de campo que tomé.2
Interpretar estas declaraciones exige cuidado. Como descripción de una intención de la planta, la idea de que «enseña» no se sostiene: no hay evidencia de que la planta se proponga enseñar nada. Como descripción de lo que ocurre en la práctica, en cambio, tiene un fundamento. Cultivar exige observar, esperar, ajustar y responder a los ritmos de otro ser vivo, y esa disciplina puede reorganizar la manera en que las personas se relacionan con el tiempo, con los demás y con aquello que no controlan. La figura de la maestra es un modo en que los actores nombran ese efecto. Es un dato etnográfico sobre cómo se interpreta una relación, y a la vez un recurso retórico que puede tener usos distintos: reconocer a la planta como participante, pero también envolver en un lenguaje de aprendizaje y cuidado una relación que es, al mismo tiempo, comercial y regulada.
Esa ambivalencia es el núcleo de lo que me interesa. La planta como recurso, como participante y como maestra no son tres planos independientes, sino tres maneras de describir una misma presencia, y la antropología puede preguntarse qué hace cada una por quienes la usan.
Lo que este caso muestra y lo que no
Una exposición es un ambiente particular. Reúne en pocos días y en un solo lugar a personas que sostienen relaciones muy diversas con la planta, y las reúne, además, en torno a un propósito compartido de visibilización. Es un caso favorable para ver cómo una planta puede participar de una escena pública. No es representativo de lo que ocurre en un invernadero, en una huerta doméstica o en un laboratorio, y mis notas corresponden a una observación situada, no a un estudio comparado.
Tampoco resuelve la discusión teórica. Entre red y trama, entre agencia distribuida y agencia como atribución, hay tensiones que un solo ejemplo no zanja. Lo que este material permite sostener es más modesto: que tomar en serio la presencia material de la planta cambia lo que se puede ver en una situación, y que las categorías con que los propios actores la describen merecen análisis, no simple adhesión ni descarte. La planta, en estas páginas, es una participante cuyo modo de intervenir hay que describir con precisión. No es un sujeto jurídico, ni un agente con intenciones, ni un simple objeto.
Referencias
- Hitchings, R., & Jones, O. (2004). Living with plants and the exploration of botanical encounter within human geographic research practice. Ethics, Place & Environment, 7(1–2), 3–18.
- Ingold, T. (2007). Lines: A brief history. Routledge.
- Ingold, T. (2008). When ANT meets SPIDER: Social theory for arthropods. En C. Knappett & L. Malafouris (Eds.), Material agency: Towards a non-anthropocentric approach. Springer.
- La Capital. (2022, 6 de noviembre). La tercera edición de la Expo Cannabis desbordó La Rural porteña. https://www.lacapital.com.ar/informacion-general/la-tercera-edicion-la-expo-cannabis-desbordo-la-rural-portena-n10032247.html
- Latour, B. (2005). Reassembling the social: An introduction to actor-network-theory. Oxford University Press.
Footnotes
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Las citas de este ensayo proceden de mi trabajo de campo en la exposición. Algunas surgieron de interacciones con distintos participantes y otras son anotaciones de entrevistas que presencié. Las reproduzco tal como figuran en mis notas y las atribuyo a quienes las pronunciaron, sin agregar frases, cargos ni fechas. ↩
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La idea de la planta como maestra aparece con frecuencia entre cultivadores. Sin embargo, aquí la presento como interpretación de los actores y no como un hallazgo sobre las plantas. ↩
Cómo citar
Maffei Gaido, P. (2026). De la agencia y otras hierbas: el rol de la planta de Cannabis sativa: Presencia material y relaciones en una exposición cannábica [Ensayo]. https://maffeigaido.com/es/writing/de-la-agencia-y-otras-hierbas/